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Cómo crear un sitio de membresía sin código, paso a paso

Un sitio de membresía sin código necesita tres piezas: contenido detrás de un muro, un inicio de sesión y un cobro recurrente. Se describen en texto y Zugo genera la plataforma con Supabase para el acceso y Stripe para la suscripción. Construirla lleva varios minutos.

La parte técnica es la mitad fácil. Lo que hunde a la mayoría de las membresías es lo otro: qué recibe alguien cada mes que justifique que la tarjeta se vuelva a cobrar. Esta guía trata las dos, empezando por la difícil.

¿Qué contenido justifica una cuota mensual?

Algo que caduque o que se acumule. Un curso grabado se compra una vez y no se renueva; una comunidad activa, una biblioteca que crece o un análisis semanal sí sostienen un cobro recurrente porque cancelar duele.

Esa es toda la prueba: ¿qué pierde alguien al darse de baja? Si la respuesta es "el acceso a cosas que ya se descargó", tienes un producto de pago único disfrazado de suscripción, y la cancelación llegará en el segundo o tercer mes.

Las tres formas que funcionan de manera consistente son la comunidad con conversación viva, el acceso a la persona experta con sesiones periódicas y la herramienta o biblioteca que se actualiza. Las tres tienen un coste de mantenimiento real, y conviene calcularlo antes de vender.

Y una decisión de tamaño: es más fácil sostener treinta miembros pagando 30 dólares al mes que trescientos pagando 3 dólares. El trabajo de atención es parecido y el ingreso no.

¿Qué hay detrás del muro y qué queda fuera?

La parte gratuita existe para vender y necesita ser buena, no un anuncio. Lo habitual es publicar entre un 10 y un 20% del material, elegido para demostrar el nivel más que para dejar con ganas.

Zona Qué contiene Objetivo
Pública Portada, qué incluye, precio, muestras Convencer sin registro
Con registro gratuito Boletín, una lección suelta Capturar el correo
Miembros Biblioteca, comunidad, sesiones Justificar la cuota
Nivel superior Sesiones individuales, plantillas Ingreso extra de quien quiere más

La página pública debe decir el precio. Una membresía que oculta la cuota hasta el registro pierde a quien iba a pagarla y capta a quien no, y arreglar eso después cuesta más que escribirlo desde el principio.

Sobre los niveles: empieza con uno. Tres niveles desde el día cero obligan a mantener tres promesas distintas cuando todavía no sabes si alguien paga por la primera.

¿Qué prompt genera el sitio de membresía?

Describe zonas, accesos y contenido. Lo que decide todo es dónde pasa la línea entre público y privado.

Crea un sitio de membresía para una comunidad de fotografía
de paisaje.
Zonas públicas:
1. Inicio: qué incluye la membresía, precio mensual visible,
   tres muestras del contenido, preguntas frecuentes,
   botón "Suscribirse".
2. Blog abierto con cinco artículos de muestra.
Zonas privadas, solo para miembros con suscripción activa:
3. Biblioteca: vídeos y guías organizados por tema, con
   material nuevo cada mes.
4. Retos mensuales: enunciado, subida de fotos y comentarios.
5. Mi cuenta: estado de la suscripción, facturas, cancelar.
Inicio de sesión por correo. Suscripción mensual y anual.
Si la suscripción no está activa, las zonas privadas
redirigen a la página de precios.

La última frase es la que evita el fallo más caro de todos: contenido de pago accesible con el enlace directo. Pídelo de forma explícita y compruébalo tú, abriendo una dirección privada desde una sesión sin cuenta.

¿Cómo se conectan el acceso y el cobro?

Con Supabase y Stripe trabajando juntos, y ese enlace es la parte delicada del proyecto. Supabase guarda las cuentas y el contenido; Stripe cobra y sabe si la suscripción sigue viva.

Lo que hay que describir bien es qué ocurre en los tres momentos que importan: cuando alguien paga por primera vez, cuando el cobro mensual falla y cuando cancela. Si el tercero no está resuelto, seguirás sirviendo contenido a quien ya no paga; si el segundo no lo está, expulsarás a alguien por un problema temporal con su tarjeta.

La configuración de cada parte está explicada en la guía de Supabase y en la guía de pagos con Stripe. Merece la pena hacerlas por separado y probar cada una antes de unirlas.

La prueba final no es opcional: date de alta tú con una tarjeta de prueba, entra, cancela y comprueba que pierdes el acceso cuando toca y no antes. Una hora de pruebas ahorra la conversación de devolver dinero a un cliente enfadado.

¿Cuánto cuesta construirlo en créditos?

El precio va por acción. Una plataforma multipágina cuesta 12 créditos e incluye las tres primeras páginas, con 3 créditos por cada página adicional. Cada edición cuesta 3 y una construcción de una sola página cuesta 6.

Un sitio de membresía de cinco zonas parte de 18 créditos. Las ediciones son aquí más numerosas que en una web normal, porque los estados de suscripción se afinan probando: veinticinco ediciones son 75 créditos, y el total ronda los 93. Pro cuesta 25 dólares al mes con 200 créditos y cubre el proyecto con margen para el mes siguiente. El plan gratuito trae 5 créditos, que dan para mirar el editor. Business cuesta 99 dólares al mes.

El modo Hi-Fi duplica el precio, con 12 créditos por construcción y 6 por edición. La página pública de venta es el único sitio donde lo usaría: es la que decide si alguien se suscribe. Las zonas privadas ganan con orden y buscador, no con acabado.

Antes de entregarte el proyecto se arranca en un entorno aislado, y una construcción que no abre se reporta como fallo en lugar de entregarse en blanco. Eso reduce el riesgo de publicar algo muerto, pero no comprueba tu lógica de acceso: esa prueba la haces tú, con dos cuentas.

¿Cómo se lanza si todavía no hay audiencia?

Con un grupo fundador pequeño y de pago desde el primer día. Regalar el acceso a cambio de comentarios parece prudente y suele engañar: quien no paga no cancela, así que no aprendes nada sobre lo único que importa.

Diez personas pagando durante tres meses te dicen más que quinientas suscritas a una lista gratuita. Y esas diez, si el contenido cumple, son las que traen a las siguientes, porque en membresías la recomendación personal pesa más que la publicidad.

La forma barata de conseguirlas es publicar en abierto durante unas semanas lo mismo que después estará dentro. Cada pieza pública demuestra el nivel y funciona como muestra permanente, mientras la página de precios espera con el enlace de suscripción.

Un aviso sobre el precio de salida: subirlo después es incómodo y bajarlo es peor. Empieza por el precio que te parece justo para el trabajo mensual que vas a hacer, y ofrece a los primeros miembros mantenerlo mientras sigan suscritos. Eso es un incentivo real y no cuesta nada.

¿Dónde se queda corto un constructor con IA?

Cinco límites, y el primero no es técnico.

No retiene a nadie. La cancelación se combate con contenido y comunidad, no con funciones. Una membresía sin novedades pierde miembros por muy buena que sea la plataforma.

El vídeo pesado necesita un servicio aparte. Alojar horas de vídeo tiene un coste y una complejidad propios, y lo razonable es apoyarse en una plataforma de vídeo y proteger el acceso desde tu sitio.

La facturación fiscal es otra cosa. Impuestos por país, facturas correctas y declaraciones son responsabilidad tuya y de tu asesoría. Stripe ayuda, no decide por ti.

Los permisos finos requieren iteración. Niveles, periodos de prueba, cupones y accesos temporales son lógica de negocio específica que se afina con ediciones sucesivas.

Un producto complejo necesita equipo. Zugo no sustituye a un equipo de desarrollo cuando la membresía crece hacia una plataforma con aplicación propia y miles de usuarios. En ese punto, la exportación a GitHub te entrega el código y el proyecto sigue siendo tuyo.

Para lanzar una membresía pequeña esta semana y comprobar si alguien paga el segundo mes, eso basta. Si tu contenido encaja mejor en clases con horario, mira la web de una academia de idiomas; si primero quieres validar la oferta con una sola página, empieza por la guía de landing page. Con la promesa mensual escrita en una frase, descríbelo en zugo.dev.

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